
Con la Postmodernidad todo se le había complicado por completo. Ya no existían esencialismos, todo el mundo era hijo de la sospecha, habían desaparecido los meta-relatos y ya no había culturas dominantes que definieran un canon. Recordaba la cita de Enrique Dussel cuando describía a la postmodernidad como bajar al fondo de un pozo con una escalera de sogas y luego prenderle fuego a la soga. Ese cuestionamiento y esa incertidumbre no le resultarían tan problemáticos, si no fuera porque ahora la gente no creía en su existencia como el ser encargado de terminar con la vida, por lo que su trabajo se había complicado inmensamente.
Con esa reflexión sobre la postmodernidad regresó a su labor cotidiana. La hibridación entre los géneros le había abierto una gran cantidad de posibilidades, pero también le había abierto un flanco demasiado amplio. Finalmente, había tenido que sucumbir al impulso tecnológico y había desarrollado una nueva metodología en la que podía empujar a los escritores hacia la muerte a través de troleos y dislikes en redes sociales. De hecho, el día anterior le había parecido bastante productivo y hoy esperaba terminar con un caso particular, a través de un último troleo en X. Por eso respiró hondo, se sacudió de la mente los recuerdos que le habían estado entreteniendo durante toda la mañana y apretó la tecla de enter para que el ordenador subiera y comenzar a conectarse en las redes. Conectarse no fue difícil. Después de todo le habían provisto de una máquina lo suficientemente potente como para realizar su compleja labor. Sin embargo, la sorpresa que experimentó al tratar de entrar en las redes fue algo que no había sentido a través de su existencia milenaria. Su troleo había sido denunciado y se había creado todo un movimiento en su contra a través de las redes sociales. Había sido denunciada como “promotora de discursos de odio”, “violenta e incitadora de violencia” y de bullying. Todas sus cuentas habían sido baneadas y se había declarado su cancelación.
Inútilmente intentó apelar las decisiones y recuperar sus cuentas. No había posibilidad de continuar trabajando a través de las redes y de manera remota. Entonces se dio cuenta de las dimensiones del problema y entró en pánico por primera vez en su existencia. Había desarticulado todos los métodos anteriores y ahora todo su sistema estaba estructurado digitalmente. Sin acceso a las redes y a la internet, ya no podría realizar su labor. Ahora, toda la gente que existía en el mundo viviría eternamente.
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Reflexión final
Este proyecto me permitió transformar un cuento previamente escrito en una obra de literatura digital y examinar cómo el soporte tecnológico modifica la organización del texto y la experiencia de lectura. Dividí la narración en cinco publicaciones conectadas mediante enlaces, lo que me obligó a replantear la estructura lineal del relato y convertirla en un recorrido hipertextual. Esa fragmentación no responde solo a un requisito formal; también reproduce el tránsito histórico que el cuento propone, desde lo pastoral hasta la postmodernidad.
Al comenzar el trabajo sentí gran preocupación. Me intimidó la idea de enfrentar un reto que parecía exigir un dominio tecnológico que no poseo. Sin embargo, el enfoque del profesor resultó muy positivo. Al presentar el proyecto como un proceso gradual y accesible, mi ansiedad disminuyó y pude concentrarme en el diseño conceptual. Después de completar la primera publicación, el resto del trabajo adquirió claridad y resultó menos complejo de lo que había anticipado.
La integración de imágenes refuerza los contrastes del relato y confirma que, en la literatura digital, la forma constituye una dimensión esencial del significado.
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